Opinión 26-04-2026 Título y empleabilidad Felipe Oelckers, director de Ingeniería Comercial, Universidad Andrés Bello En la actual coyuntura laboral, el título profesional en Chile enfrenta una de sus pruebas más exigentes. Según los últimos reportes del INE, aunque la desocupación nacional mostró una leve tendencia a la baja, ubicándose en 8,3% en el trimestre noviembre 2025-enero 2026, el segmento juvenil entre 18 y 24 años continúa muy por sobre esa cifra, superando el 21,5%. Para un profesional recién egresado, el escenario no solo está marcado por la escasez de vacantes, sino también por una transformación cada vez más acelerada de los requisitos de ingreso al mercado laboral.

Hoy, obtener un título ya no garantiza una inserción expedita. La transición entre la formación universitaria y el mundo del trabajo se ha vuelto más extensa, competitiva y exigente. El mercado demanda perfiles capaces de adaptarse con rapidez a entornos dinámicos, donde las competencias digitales, el análisis de datos y el uso aplicado de herramientas de inteligencia artificial comienzan a marcar una diferencia decisiva.

En este contexto, carreras como Ingeniería Comercial continúan mostrando una resiliencia importante. Datos de MiFuturo. cl y reportes de empleabilidad universitaria 2024-2025 indican que esta disciplina mantiene una tasa de inserción laboral al primer año superior al 86,5%.

Sin embargo, esta cifra requiere una lectura más profunda. Detrás de ese indicador persiste una realidad menos visible: el tiempo de búsqueda activa de empleo se ha extendido de manera significativa y la calidad de la inserción no siempre responde a las expectativas formativas ni salariales de quienes egresan. La brecha entre el perfil académico tradicional y las nuevas exigencias del mercado define hoy quién accede a posiciones de gestión y quién termina en escenarios de subempleo o empleos alejados de su formación.

Esta situación adquiere una dimensión aún más compleja en regiones. En Valparaíso, el desempleo ha mostrado históricamente una mayor rigidez que el promedio nacional, en gran parte por el menor dinamismo de la inversión privada y la limitada generación de nuevas oportunidades laborales de alta calificación. Como consecuencia, muchos profesionales jóvenes enfrentan una movilidad forzada hacia la Región Metropolitana o, en otros casos, una reconversión hacia emprendimientos impulsados más por necesidad que por oportunidad real de crecimiento.

Esta dinámica no solo impacta en las trayectorias individuales, sino que también debilita el ecosistema productivo y empresarial de la región. Aquí emerge uno de los principales desafíos para las facultades de economía y negocios: ya no basta con impartir teoría de vanguardia. Hoy resulta indispensable asumir un rol activo en la empleabilidad temprana, fortaleciendo vínculos con la industria, actualizando mallas curriculares y formando competencias alineadas con la demanda real del entorno productivo.

La meritocracia seguirá siendo cuestionada mientras el mercado no logre absorber con calidad a los más de 8. 300 nuevos ingenieros comerciales que se titulan cada año. Si no avanzamos con decisión en una formación conectada con la sofisticación tecnológica que hoy exige la economía, el título profesional corre el riesgo de dejar de ser un motor de movilidad social para transformarse en una carga financiera para miles de familias chilenas.