Lo que debía ser una noche de protocolo, sátira política y alta exposición mediática terminó convertido en una escena de caos, miedo y máxima tensión. La tradicional cena de corresponsales de la Casa Blanca, uno de los eventos más simbólicos del calendario político estadounidense, fue abruptamente interrumpida la noche del sábado luego de un intento de ataque armado que obligó a evacuar de urgencia al presidente Donald Trump, a la primera dama Melania Trump y a parte importante de la cúpula del Gobierno. La velada se desarrollaba en el hotel Washington Hilton, con más de 2.
000 asistentes entre periodistas, diplomáticos, autoridades, empresarios y figuras del establishment político de la capital estadounidense. Apenas se había servido la entrada —una ensalada con burrata y guisantes primaverales— cuando todo cambió en cuestión de segundos. Testigos relataron que se escucharon entre tres y cuatro disparos en las inmediaciones del salón principal.
Luego vinieron los gritos. "¡Abajo, abajo! ", se oyó entre las mesas, mientras invitados vestidos de etiqueta se lanzaban al piso y buscaban refugio bajo sillas y manteles.
En paralelo, agentes del United States Secret Service irrumpieron con armas largas en el salón, saltando sobre el mobiliario para blindar al Mandatario y asegurar las salidas. En el escenario principal, Trump compartía ubicación con Melania Trump y la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Weijia Jiang. Según su propio relato posterior, inicialmente pensó que el ruido correspondía a una bandeja que había caído.
La gravedad del momento la comprendió solo al ver a cientos de personas agachadas y al equipo de seguridad rodeándolo. Evacuación total En pocos segundos fueron retirados del lugar Trump, la primera dama, el vicepresidente JD Vance y varias autoridades del gabinete, entre ellas el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent y el secretario de Defensa Pete Hegseth. Mientras tanto, dentro del salón reinaba la incertidumbre.
Sin señal telefónica, muchos asistentes intentaban enviar mensajes a familiares o a sus redacciones sin éxito. Vajilla rota, copas derramadas, sillas volcadas y personas abrazándose completaban la escena. Uno de los agentes fue categórico al momento de ordenar la evacuación: "Esto es la escena de un crimen".
Poco después, las autoridades comenzaron a desalojar el recinto. En el vestíbulo y los pasillos del hotel —el mismo lugar donde Ronald Reagan fue tiroteado en 1981— los reporteros informaban a sus medios, en medio de la confusión, sobre si la gala se reanudaría. Quién era el atacante Las autoridades identificaron al sospechoso como Cole Tomas Allen, de 31 años, residente de Torrance, California.
Según los primeros antecedentes, portaba una escopeta calibre 12, una pistola calibre . 38 y varios cuchillos. El sujeto logró ingresar hasta el vestíbulo del hotel, superando barricadas de seguridad externas, aunque fue reducido antes de alcanzar el salón donde se encontraba el Presidente.
Un agente recibió un impacto en su chaleco antibalas y se encuentra fuera de riesgo. Allen obtuvo una licenciatura en 2017 en ingeniería mecánica en el Instituto de Tecnología de California, en Pasadena, según su perfil en LinkedIn. Allí consignó su participación en una fraternidad estudiantil cristiana y en un grupo del campus que se enfrentaba con pistolas Nerf.
Asimismo, el padre del sospechoso, Thomas Allen, figura como integrante de la iglesia Grace United Reformed Church Torrance. La página web de la congregación la describe como una "iglesia que cree en la Biblia" y que sigue la "infalible Palabra de Dios". Guardias de seguridad apostados en el santuario durante los servicios del domingo escoltaron a los feligreses hasta la puerta y mantuvieron a los reporteros a distancia.
En tanto, Cole, en mensajes enviados minutos antes del ataque, habría manifestado rechazo a decisiones recientes del Gobierno de Trump. Trump quería seguir Pese al operativo, Trump permaneció durante un tiempo en una zona segura del hotel y, de acuerdo con reportes, expresó su intención de retomar el evento para no empañar la noche. Sin embargo, su equipo de seguridad descartó esa opción y dispuso su traslado a la Casa Blanca.
Ya en la residencia presidencial, aún vestido de esmoquin, el Mandatario compareció ante la prensa en una de las conferencias más inusuales que se recuerdan. "Cuando tienes impacto, van a por ti", afirmó, recordando además que ya había enfrentado otros intentos de asesinato. Luego agregó: "No soy un manojo de nervios".
En un tono descrito como inusualmente conciliador, llamó a la unidad nacional, condenó la violencia y anunció su intención de reprogramar la cena dentro de los próximos 30 días. Afuera del hotel sobrevolaban helicópteros. Adentro, algunos invitados aún se fotografiaban en el lobby intentando procesar lo vivido.
Uno de ellos resumió el desconcierto con una frase tan extraña como precisa: "Es una noche histórica, hay que inmortalizarla".